Política y algoritmos: el vacío criollo, por Jipson Briceño Domínguez.

El robusto ecosistema partidista de la Venezuela del siglo XX no se desvaneció por arte de magia. Esas fuertes instituciones políticas de la Cuarta República —AD y Copei de Betancourt y Caldera, Carlos Andrés Pérez, Luis Herrera y Jaime Lusinchi, por citar expresidentes, que canalizaban las demandas de una sociedad integrada y formaban cuadros profesionales— intentaron ser suplantadas por organizaciones salidas de una crisis, sin su visión y preparación.
Política y algoritmos: el vacío criollo, por Jipson Briceño Domínguez
Hoy, la política criolla padece una orfandad de estructuras reales. No quedan templos ideológicos, sino franquicias espectrales de bajas clientelas, cascarones vacíos con pocos clicks en sus pantallas. El derrumbe de la mediación institucional ha dejado al ciudadano a la intemperie; las casas de AD, Copei, El MAS, el PCV han sido sustituidas por las pantallas negras de Primero Justicia, Voluntad Popular o Un Nuevo Tiempo: nuevos nombres que flotan en la ambigüedad, donde el elector común ya no sabe a cuál pertenece quién o qué.
La imagen de María Corina Machado se alza hoy como la fuerza aglutinadora del descontento ciudadano, superando por mucho el 10% de las organizaciones de oposición, pero sin alcanzar aún la capilaridad territorial que tuvieron los partidos tradicionales. Atrapada en el algoritmo de la dilación perpetua, ese que la convierte en una especie de celuloide de cine que el espectador ve, ausente del país y con barricadas comunicacionales que como altos muros impiden el acceso a los corredores y patios centrales del país.
Mientras ese conflicto político se desarrolla en su pulverización, coexiste un segmento mayoritario que ha decidido habitar en la apatía: un elector que no quiere saber nada de nadie, una votante que no está ni con Dios ni con el diablo, que asume la política como un ruido ajeno y molesto, más doloroso que subir las escaleras del sector donde vive, que interfiere con su modesto estilo de vida, su economía y su supervivencia bajo el temor a la permanente incertidumbre.
Paralelo a la transmutación de franquicias vacías del sistema de partidos, la migración masiva —ese nuevo elemento que sorprendió como una epidemia maligna— ha dejado un país habitado por la nostalgia del ocaso.

