Todas las parroquias de Margarita recrearon este domingo con fé y devoción la llegada de Jesús a Jerusalén, y con ello la humildad ante el reconocimiento.
La palma fresca y el olivo, símbolos de este Domingo de Ramos, llenó de color y aroma todas las iglesias. En la catedral de La Asunción el obispo de la Diócesis Fernando Castro Aguayo, presidió la misa, destacando el mensaje de amor y entrega de este día.
La fiesta de este día es crucial en la religión católica, porque los días siguientes marcan realmente la historia de la humanidad. La traición a quien curó enfermos, guió a los desesperados y resucitó muertos, es el mensaje que quedó para la eternidad y por eso, luego de la alegría del Domingo de Ramos el recogimiento y reflexión deben prevalecer.


