La tristeza por perder un ser querido se acrecienta ante la adversidad que representan las condiciones hospitalarias.
Salud neonatal: Viví el calvario que representa el Hospital Luis Ortega
Testimonios y experiencias directas, siguen siendo una alerta de lo que debe corregirse para que el derecho constitucional a la salud se cumpla.
Eglis Zacarías, la madre de una joven parturienta, afirma, “entre el 9 de febrero y el 3 de marzo, viví el calvario que representa el Hospital Luis Ortega de Porlamar”, y narra que, lo que inició como una esperanza de vida por el nacimiento de su nieto, terminó en una tragedia que hoy la obliga a alzar la voz.
“Lo que más nos afectó ocurre en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales (UTIN). Mi nieto nació estable, pero al tercer día contrajo un hongo y una infección bacteriana que le cegó la vida. Al buscar su tratamiento, una fórmula magistral específica, la farmacéutica me comentó que esa misma medicina es solicitada masivamente para bebés en la misma unidad”, indicativo que sigue existiendo la gravedad de hace unos años, cuando fue evidente la alta cifra de muerte de neonatos.






“No es solo una queja, es una denuncia pública sobre la precariedad sistemática que convierte a este centro de salud en un riesgo para quienes buscan sanar. Mientras los pasillos nuevos y áreas comunes muestran una limpieza aceptable, la realidad dentro de las habitaciones y demás salas es otra”.
En efecto, se asegura que hay notables mejoras, pero el problema es que los pacientes siguen estando en los antiguos espacios, porque las áreas remodeladas aún no están equipadas.
“No hay personal de aseo para las salas; pisos manchados de de sangre que nadie limpia, y baños que son focos de infección por no estar aptos para el uso humano es lo que ves, y ni siquiera consigues los utensilios necesarios para poder limpiarlo por tus propios medios”, narra.
Destaca la presencia constante de gatos deambulando por áreas críticas, “exponiendo a personas con heridas abiertas y postoperatorios a infecciones zoonóticas”, información que hoy se comprueba con el amoroso video del Dr. Emiro Albornoz con un felino en el hospital.
Siendo su caso el de una parturienta, hace referencia a la situación para las mujeres recién paridas o con cesárea.
“Los inodoros no funcionan, obligando a las pacientes a orinar de pie en las duchas y lavarse allí mismo”, asimismo expone que “en la emergencia no existe un sistema de perifoneo o llamado formal, sino que la seguridad del hospital notifica requerimientos a gritos, compitiendo con el estruendo de ambulancias y el ruido urbano”.
También habla del acceso a a la atención. «Las madres que tienen a sus hijos allí deben pelear por una de las pocas camas con colchón; en muchos casos, recién operadas, terminan durmiendo sobre esqueletos metálicos, ya que el hospital prohíbe el ingreso de colchonetas propias y sin poder tener un familiar que las asista».
Y el padecimiento no es solo adentro, Zacarías asegura que en las afueras, «los familiares viven bajo el asedio de la seguridad interna y los milicianos, siempre negados al acceso de información».
«Bebés han muerto porque sus familiares no se enteraron a tiempo que debían salir a comprar un medicamento urgente», y en conclusión señala, «mi nieto no es un caso aislado, es una cifra más en una estadística de decesos provocados por la mala manipulación, la falta de higiene y precariedad en la cual se encuentra este centro asistencial que es el principal de la isla. El Hospital Luis Ortega no está curando, está sentenciando a los más vulnerables». Exije respuesta inmediata y justicia para los que ya no están.


