Con la esperanza revuelta.
Por Ana Julia Jatar

Hoy creo expresar lo que siente la inmensa mayoría de los venezolanos: el regreso de María Corina Machado a Venezuela nos ha revuelto la esperanza. Esa esperanza que hemos aprendido a administrar con cautela, después de casi 30 años de autoritorismo, promesas incumplidas y sacrificios, esperando recuperar nuestro país. Tanto es así que tuvimos que esperar hasta el 25 de octubre para poder celebrar el 3 de enero.
Las imágenes de miles de venezolanos recibiéndola emocionan. Pero detrás de esos abrazos hay también una impaciencia legítima. Queremos que su regreso marque una aceleración decisiva hacia el fin de esta transición tutelada que nos han impuesto, en la que otros, mediante acuerdos opacos, siguen tomando decisiones fundamentales sobre nuestro futuro.
Porque en casi diez meses hemos aprendido que no basta con salir de Maduro si los venezolanos seguimos excluidos de las decisiones que comprometen nuestro patrimonio nacional. Los contratos petroleros negociados sin suficiente transparencia, las concesiones y los compromisos asumidos en nombre de la República exigen escrutinio público y rendición de cuentas. No podemos continuar siendo espectadores de decisiones que afectarán a generaciones.
Necesitamos elecciones libres, justas, competitivas y con las más amplias garantías de participación. Elecciones que devuelvan al ciudadano su condición de soberano y permitan construir instituciones capaces de exigir cuentas a quienes hoy administran nuestros recursos.
Pero, una vez que pase la euforia de su regreso, María Corina Machado enfrentará un nuevo desafío: convertir su extraordinario capital político, construido con valentía y perseverancia, en un liderazgo donde quepan todos los venezolanos dispuestos a reconstruir la República, sin exclusiones ni lealtades partidistas como condición de pertenencia. La democracia que aspiramos construir debe comenzar por la amplitud de quienes la lideran.
También esperamos el regreso de Edmundo González Urrutia y de los millones de compatriotas que merecen recuperar su derecho a volver.
Necesitamos salir lo antes posible de este tutelaje. Queremos votar, elegir y decidir. Porque la verdadera liberación de Venezuela solo llegará cuando la palabra vuelva a tenerla el pueblo venezolano, a través de las urnas.
Quiero terminar diciendo algo que también creo que representa el sentir de la mayoría: la esperanza ya no es un cheque en blanco para los venezolanos. Hace casi treinta años, una mayoría depositó sus ilusiones en un liderazgo que prometía cambiarlo todo. Sabemos cómo terminó aquella historia. Esa lección la hemos aprendido todos, con demasiado sufrimiento.
La esperanza está revuelta, pero no ciega.


