Hay lecciones que no se aprenden en un aula. Yo aprendí las más importantes de mi vida en cuatro centros de reclusión en Venezuela, como preso político. Allí entendí que la inteligencia emocional no es un concepto de manual, sino una herramienta de supervivencia. De esa experiencia, y de años de trabajo con docentes y alumnos, nace mi libro Lecciones de Inteligencia Emocional.
Esta nueva edición, más compacta que la de 2017, está pensada para dos lectores: el profesor que necesita una guía para enseñar inteligencia emocional en clase, y la persona común que quiere entender por qué reacciona como reacciona.
El libro parte de una pregunta sencilla: ¿pesa más el coeficiente intelectual o la capacidad de gobernar nuestras emociones? Podemos ser brillantes y perderlo todo en un segundo por un disparo emocional, esa reacción automática en la que el cerebro primitivo toma el mando antes de que la razón alcance a opinar.
Por eso propongo entrenar la mente como se entrena un músculo. El corazón del libro es la fórmula PEP: un pensamiento positivo genera una emoción positiva, y esa emoción alimenta un nuevo pensamiento positivo. Repetido con disciplina, ese ciclo eleva nuestra inteligencia emocional. A eso sumo la dieta emocional: así como cuidamos lo que comemos, debemos cuidar lo que pensamos, lo que decimos y de quién nos rodeamos. Hay vampiros emocionales que se alimentan de nuestra paz, y hay que aprender a reconocerlos.
Pero la teoría solo vale si resiste la prueba de la realidad. Cuando llegué cerca de la medianoche al segundo centro de reclusión, me raparon y me entregaron un uniforme con la sangre de su dueño anterior. Querían una foto mía en posición de firme. No los confronté, pero tampoco obedecí: alegué una operación reciente de hombro y esa foto nunca existió. No gané con violencia; gané con inteligencia emocional.
Conocí a un sicario que había matado a dos mujeres. Nunca le reclamé el pasado, porque eso no se puede cambiar; le hablé siempre del futuro, y me gané su respeto. El respeto se impone con la violencia o con la buena intención. Yo escogí la segunda.
El libro también mira hacia adelante. Abordo el Hikikomori, ese aislamiento juvenil que crece en silencio dentro de nuestras casas; la inteligencia emocional en la pareja a través del Kokoro japonés; y la batalla que ya libramos entre la inteligencia artificial y la emocional. Las máquinas piensan cada vez más rápido, pero no sienten. Esa es nuestra ventaja, si sabemos cultivarla.
Escribí estas páginas para los profesores del Colegio Pablo Romero Millán y para cualquiera que esté atravesando su propia celda, real o invisible. Nadie escoge sus circunstancias, pero todos podemos escoger cómo responderles.
«No basta con defenderte, tengo que fortalecerte» ha sido mi consigna como abogado. Este libro es mi manera de cumplirla fuera de los tribunales.Braulio Jatar Alonso es abogado, editor, director de Reporte Confidencial y autor. Presidente de ILC Consultores Chile/Venezuela. Escribe para El Tiempo Latino (Washington D.C.), NotiAmerica, y es entrevistado frecuente en varios medios


