En Las tres preguntas, Tolstói cuenta la historia de un rey que quería saber cuál es el momento oportuno para actuar, a quién escuchar y qué es lo más importante. Ningún sabio lo convenció. La respuesta se la dio un ermitaño: el momento más importante es ahora, la persona más importante es la que tienes delante y lo más importante es hacerle el bien. Antes, el rey estuvo a punto de morir a manos de un hombre al que él mismo había agraviado. El pasado siempre pasa factura.
María Corina, celebro tu regreso. Te escuché en el Aula Magna de la UCAB agradecer a Trump y a Rubio y afirmar que el plan de tres fases avanza hacia elecciones en algún momento (¿2027?). Precisamente porque quiero que esta transición triunfe, te hago mis propias tres preguntas.
Primera: ¿el Plan Rubio-Trump es parte de nuestro ordenamiento jurídico?
Lo anunció un secretario de Estado ante senadores de otro país. No lo aprobó nuestra Asamblea Nacional, no es un tratado ratificado y nadie consultó al pueblo, único titular de la soberanía según el artículo 5. La Constitución es la norma suprema y no pierde vigencia por un acto de fuerza. La ayuda internacional puede abrir la puerta, pero no le corresponde diseñar la casa.
Segunda: ¿la falta absoluta de Maduro dejó de existir?
El TSJ inventó una “ausencia forzosa” que no está en la Constitución para no aplicar el artículo 233, que ordena elecciones en 30 días. Cecilia Sosa Gómez, Juan Carlos Apitz y Tulio Álvarez, entre muchos constitucionalistas, coinciden: la falta debía declararse y los plazos ya vencieron.
En abril fue tu propio partido, Vente Venezuela, el que denunció ese invento y exigió elecciones en 30 días. Hoy la falta absoluta desapareció del discurso y el horizonte se movió a 2027. ¿Qué cambió? La Constitución no. Cambió el calendario de un plan extranjero.
Tercera: ¿nuestro petróleo puede comprometerse sin licitación, sin transparencia y con quien designe un gobierno extranjero?
El acuerdo con Nabep, la empresa de Alejandro Betancourt, da a Estados Unidos acceso a cerca de una quinta parte de nuestras reservas durante décadas, con el Pentágono como accionista. Fue una adjudicación directa, al margen del Parlamento, a un empresario investigado durante años por fondos de PDVSA. Dijiste que no conoces ese acuerdo. Con respeto: quien aspira a gobernar no puede desconocerlo. La Constitución dice que los hidrocarburos son de la República y que estos contratos requieren aprobación de la Asamblea. El chavismo repartió contratos opacos a sus amigos durante veinte años. Cambiar de amigos no corrige el método.
Lo que Tolstói nos enseña
Sé lo que me responderán: sin Estados Unidos, Maduro seguiría en Miraflores, y unas elecciones apresuradas con el mismo CNE serían una trampa. Es un argumento serio. Pero ser prudente con los plazos no obliga a renunciar a los principios.
Los antecedentes importan. En 1899 potencias extranjeras nos quitaron el Esequibo; en 1902 cañoneras europeas bloquearon nuestras costas; con Gómez el petróleo se repartió a la medida de las compañías. Cada vez que otros escribieron nuestras reglas, la factura la pagaron los venezolanos.
Tolstói nos deja tres respuestas. El momento es ahora, porque ahora se decide cómo nace la nueva República. La persona más importante no está en Washington: es el venezolano que votó el 28 de julio, el que emigró, el que perdió su casa en La Guaira. Y hacerle el bien tiene un nombre: cumplir la Constitución, aunque incomode a los aliados.
Te lo pregunto con respeto y con esperanza. No basta con defender a Venezuela: hay que fortalecerla.








